lunes, 8 de abril de 2013

La letra H y sus bemoles



Algunas personas consideran que la letra H es un estorbo y su escritura está de más. Sin embargo, es tan importante como las 26 letras restantes del abecedario. La vigencia de la H en nuestra lengua se debe a varios motivos, uno de ellos es porque se derivan de palabras con etimología latina como: anhelar, hiedra, hoy, exhibir; también de préstamos de otras lenguas como el árabe: alcohol, alhaja, almohada, harén; del francés: hotel, hangar, higiene: del inglés: hamburguesa, hurra; y las lenguas amerindias: hamaca, huracán o huarache.

A través del tiempo nuestra letra reemplazó a la F en distintas palabras. Por ejemplo, en el español antiguo hasta entrado el siglo XVI encontramos palabras como: fablar, figo, falcones o fermosa, que actualmente escribimos así: hablar, higo, halcones o hermosa. Constancia de ello vemos en libros como el “Poema del mio Cid” o el “Amadís de Gaula”.

La H ha servido en el pasado para evitar confusiones, ya que hubo una época en que la U se representaba gráficamente como V -porque no se había incorporado aún al alfabeto- lo que sin duda generaba un error cuando se escribía “veso” (beso) y se quería decir véso (hueso).

A veces con los diptongos ua/ue/ui la H suele ser cambiada por G: huevo, hueso, hueco se pronuncian güevo, güeso, güeco y por desgracias resulta muy seguido. Sin embargo, en otras palabras podemos poner H o G: marihuana o mariguana, hierba o yerba, todas son aceptadas solo se recomienda que no se usen indistintamente en el mismo escrito. Una de las palabras que suele causar duda al escribir es “jalar”. Esta grafía se acepta también con H (halar), depende de la región donde se use.

Curiosamente, nuestra letra hace que una palabra con un mismo valor semántico se escriba diferente, como el verbo oler: olí, olía, oleremos/huelo, huelan, huelen.

La H también nos ayuda a distinguir dos verbos que fonéticamente son iguales: aprehender y aprender.

Cuando la H “suena” en nuestro idioma es porque las palabras son préstamos recientes de otras lenguas: haiku, hachís, hámster, hándicap. Nombre de países: Hong Kong, Hanói, Hawai, Honolulu, Helsinki, Doha. O nombres de personas y apellidos: Hitler y Hegel.

Sin duda, la H es una letra muy versátil y útil, pero la desventaja es que su uso genera muchas dudas, ya sea por la etimología, los cambios sufridos a través del tiempo o por ser préstamos. La “Ortografía de la lengua española” nos ofrece notas orientadoras sobre su uso, pero si aún así no estamos seguros, el diccionario nos puede resolver el problema.

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lunes, 1 de abril de 2013

Los sustantivos son plurales, pero no democráticos


Los sustantivos nos sirven para designar a personas, cosas, cualidades físicas o morales, acciones y estados, además, a diferencia de los adverbios, podemos pluralizarlos.

El plural se forma agregando la terminación “s”: amigo/amigos; libro/libros. Si el sustantivo termina en consonante se agrega la terminación “es”: reloj/relojes; pan/panes. En caso de termina en “z” entonces cambia por “c”: pez/peces; coz/coces.

Pero ¿si la palabra termina en “s”?, por ejemplo, el día lunes, ¿debería escribir “luness” o “luneses”? Aquí nos servimos de un adjetivo, como “los” para indicar que es plural: “los lunes voy a firmar al Cereso”.

Decir: “los años ochentas” es un error ya que los números no se pueden pluralizar. También es incorrecto escribir “los años 80´s”, porque el apóstrofo (´) ya no tiene vigencia en el español, aunque se sigue utilizando en la lengua inglesa, pero en la nuestra resulta un arcaísmo.

Por economía en el lenguaje, se suele abreviar las palabras, pero también en estos casos podemos pluralizarlas, agregando una “s” o “es” cuando la abreviación la forman más de una letra: vol./vols.; dr./dres. En caso de estar formada por solo una letra, esta se duplica: P. (página)/PP. (páginas); F. C. (ferrocarril)/FF. CC. (ferrocarriles); C. (ciudadano)/ CC. (ciudadanos). Cuando nos referimos a Estados Unidos la abreviación deberá ser EE. UU. y no USA.

Otro tipo de abreviación es cuando usamos siglas o acrónimos: Cibnor, ONU, Unesco, ONG. En estos casos no se pueden pluralizar todas las siglas, porque generalmente son instituciones únicas; sin embargo existen casos como ONG o Cibnor, que en un momento dado sí podemos hablar de ellas en plural, para esto nos apoyamos en un artículo: las ONG; los Cibnor. De ninguna manera se debe agregar apóstrofo y “s” (ONG´s, Cibnor´s).

Cuando tenemos dos sustantivos que forman un término compuesto, se aplica el plural al primer elemento del término: hombre rana/hombres rana; coche cama/coches cama; medalla de oro/medallas de oro. Aunque no es correcto decir: ganó dos oros, haciendo referencia a dos medallas de ese metal, el término ha ganado adeptos y empieza a ser aceptado.


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lunes, 25 de marzo de 2013

La crisis y los préstamos



Las crisis económicas inician por manejos inadecuados de las finanzas, debido a la falta de prevención y políticas erróneas. En tiempos de crisis, los préstamos son ineludibles si no existe otro camino para seguir adelante; sin embargo, pedir prestado cuando en realidad no lo necesitamos solo agrava el problema. Lo mismo sucede con la lengua española.

El español es la segunda lengua más hablada en el mundo (495 millones de personas), también ocupa el segundo lugar como idioma de comunicación internacional y en Internet estamos en tercer lugar después del chino y el inglés. A través del tiempo, nuestra lengua se ha ido enriqueciendo con préstamos lingüísticos, adopciones y adecuaciones de otros idiomas, que por razones justificadas son aceptadas; a estás las denominamos neologismos. Encontramos otras palabras que no califican como neologismos, porque existe su equivalente en español y que al usarlos cometemos un barbarismo.

Los barbarismos son “préstamos” innecesarios que aceptamos de otras lenguas, y que a la larga llegan a corromper al español, ya que su constante uso nos hace pagar un interés muy alto: el empobrecimiento del idioma.

Los barbarismos más usados, tanto hablados como escritos son:
“Mail” por correo electrónico.
 “Ticket” por comprobante de compra.
“Show” por espectáculo.
“Voucher” por recibo o pagaré.
 “Car wash” por lavado de autos.
“Web” por Red.
“Mouse” por ratón.
“USA” (United States of America) por EUA, EE. UU. (Estados Unidos de América)
“Tablet” por tableta.
“Smartphone” por teléfono inteligente
“On line” por en línea
“Like” (en Facebook) por Me gusta.

En las redes sociales proliferan los barbarismos, en los medios de comunicación electrónicos (radio y TV) se vuelven comunes y algunos medios impresos ceden por la costumbre. Lo recomendables es evitar el uso de estas palabras, pues para qué pedir prestado cuando nuestro vocabulario es tan rico.

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lunes, 18 de marzo de 2013

En palabras chiquitas



Se dice que en México se acostumbra hablar con diminutivos. A nuestras conversaciones le damos ese matiz que nos identifica: “Tomémonos un agüita fresca”; “¿Qué tal unos taquitos para abrir brecha”?; “Una hamburguesa doble, con poquita cebolla, salsita, queso y un refresquito light”; “Está fuertecito el calor, ¿verdad?”; “Hoy sí que hace friito (o friyito)”. Y es que desde niños nos vamos acostumbrando a hablar “chiquito”: “Sécate las manitas”; “Traes tu carita muy sucia”; “Tómate tu lechita (o chocomilito)”; “Te lavo una manzanita”.

A ciencia cierta desconocemos la razón por la cual usamos muchos los diminutivos. Pero al hablar así le damos un tono amable a nuestras conversaciones, hacemos sentir confianza a nuestro interlocutor y aligeramos cualquier contratiempo: “Ese domicilio está cerquita”; “La gasolinera está algo lejitos, pero a buen paso llegará rapidito”; “Se te ve un poquito apretado, pero nada de que preocuparse”. Sin duda, también los adjetivos son mejor aceptados cuando los expresamos en diminutivo: gordito, flaquito, peloncito, greñudito, fachosito, canosito.

Por supuesto que descartamos el uso de diminutivos cuando la ocasión amerita formalidad o si con quien hablamos no es de nuestro agrado. Si el futuro yerno está de visita, lo más seguro es que se le pregunte: “¿Quieres un café o una cerveza? De esta forma, el fulano reconocerá que se le ofrece algo únicamente por mero formulismo y que su presencia no es aceptada; todo cambia si lo expresamos así: “¿Quieres un cafecito o una cervecita?”, entonces el individuo se sentirá ya parte de la familia.

Sin embargo, existe un grupo de palabras que por ser invariables no podemos “hacer chiquitas”: me refiero a los adverbios. El adverbio modifica al verbo, al adjetivo y a otro adverbio; no tiene género, número ni persona y siempre se escribe igual, por ende tampoco acepta diminutivos o superlativos. Es frecuente oír a locutores de radio y televisión que dice: “Ahorita regresamos”; “Llegamos tempranito”; “La fecha del carnaval está cerquita”; “No nos tardamos nadita”; “Hoy nuestro amigo llegó tardecito”; “El avión llegará prontito”. En el habla coloquial es natural escuchar esas frases, sin embargo en los medios de comunicación resultan inaceptables, porque se supone que deben de promover el buen español. Los comunicadores están obligados a conocer el uso correcto de la lengua porque son divulgadores y responsables, en cierta medida, de cómo la población se expresa.

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lunes, 11 de marzo de 2013

Las palabras y la Suprema Corte



Sin duda que la determinación de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, provocó sorpresa al decir que las palabras “puñal” y “maricón” son discriminatorias, pues ya que hablar sobre cuestiones semánticas no es precisamente el área de trabajo de un especialista en Derecho.

El miércoles 6 de marzo, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que las palabras “puñal” y “maricón”, usadas en un artículo periodístico, fueron discriminatorias. Esto a raíz de una demanda entre comunicadores del estado de Puebla, quienes utilizaron ese lenguaje para criticar su labor profesional. La SCJN consideró que dichas expresiones caen en la categoría de discursos de odio que provocan o fomentan el rechazo hacia un grupo social, en este caso a los homosexuales, porque se usan como calificativos negativos y burla hacia ellos.

Las palabras son signos lingüísticos que poseen una expresión fónica o gráfica y un contenido semántico, es decir, de significante y significado. Una misma palabra adquiere varios significados por razones dialectales. Así pues, el término “puñal” originalmente define a un arma blanca de diez centímetros de largo, que cabe en un puño, y en México pasó a ser un eufemismo de “puto” que es un acotamiento de prostituto. Maricón deriva de Marica, que es un diminutivo de María, nombre muy común en la península ibérica y después en nuestro país. Ambas palabra son vulgarismo y precisamente se usan para referirse a un varón afeminado u homosexual.

El uso de vulgarismos es común entre la población que utiliza, además, palabras como negro, indio, gata (sirvienta), oaxaco para denigrar, porque son calificativos que reducen a las personas a una condición de inferioridad. Por desgracia, los medios de comunicación (como la televisión) estimulan y refuerzan esta acción a través de conductores y comediantes mediocres quienes promueven la pobreza del lenguaje en programas con ínfimo grado de inteligencia, exaltando la burla y menosprecio a ciertos grupos o sectores sociales.

La determinación de la SCJN tiene solo efecto en los medios de comunicación, que los obliga al correcto uso y manejo del lenguaje, debiendo evitar los términos que promueven la intolerancia y generan un sentimiento hostil en contra de seres humanos que merecen el mismo respeto.

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lunes, 4 de marzo de 2013

El tiempo y las frases

La "Ramona", en el pueblo minero de El Triunfo, en La Paz, Baja California Sur. (Cortesía de Brenda Covarrubias)

En nuestro idioma, existe una gran variedad de dichos, refranes y frases que con el paso del tiempo se vuelven obsoletas u oscuras, y aunque a veces las usamos, en muchas ocasiones desconocemos el sentido de dichas palabras. El tiempo y los avances tecnológicos son las principales causas que marcan la “fecha de caducidad”.

Recuerdo la frase: “Fumar como chacuaco”, que hace alusión a la persona que fuma en exceso. El chacuaco, de acuerdo con el “Diccionario breve de mexicanismos”, de la Academia Mexicana de la Lengua, es una ventanilla en el techo de la cocina para que escape el humo, proviene del tarasco “chakuákua”. También se refiere a un horno para fundir metales y a la chimenea de ése. En La Paz podemos adaptar el dicho a nuestro entorno y decir: “Fumas como la Ramona”, refiriéndonos a la famosa chimenea ubicada en antiguo pueblo minera de El Triunfo, cuya construcción se le atribuye a Gustav Eiffel.

Un dicho muy socorrido en mis tiempos, y que fue retomado por un restaurante de comida rápida para su publicidad, era “Me cayó el veinte”. Se expresaba cuando, después de un tiempo, por fin entendíamos la explicación de algo o el desenlace de alguna circunstancia. La referencia eran los antiguos teléfonos públicos, a los que se les insertaba una moneda de veinte centavos (con la imagen de Francisco I. Madero), y que caía a la alcancía cuando nos contestaban del otro lado.

Para hablar de muertos, los tradicionales eran: “Chupar faros” y “se petateó”. Los Faros eran (¿o son?) una marca de cigarros muy baratos y de pésima calidad, que su consumo era sinónimo de muerte. El petate era “la caja de muerto” de los pobres, de ahí origen.

Si no sabíamos dónde estaba alguien, la respuesta a una pregunta o el domicilio de fulano, el clásico era: “Sepa la bola”, un equivalente a “no tengo ni idea”. Se le denominaba la “bola” a los huarachudos que lucharon en la revolución de 1910. Mucha gente estaba ahí sin saber exactamente por qué peleaban, y cuando algún periodista preguntaba la razón de su lucha, ellos respondían con esa frase.

La tecnología ha dejado fuera de circulación a frases como: “Parece disco rayado”; “Se me borró el casete” o “Está bien tocadiscos”.

“Cuéntame una de vaqueros”, dejó de tener vigencia desde que los hombre a caballo fueron sustituidos por expertos en artes marciales o superhéroes enfundados en mallas y usando ropa interior por fuera.

No podemos dejar de mencionar al “coco”, al “ropavejero” y al “robachicos”, tradicionales personajes de nuestra infancia, muy usados por los padres para asustarnos y obligarnos a dormir o hacer alguna tarea. Una tonada clásica fue: “Duérmete niño, duérmete ya, si no viene el coco y te comerá”.

Las nuevas generaciones van creando sus frases, de acuerdo a su tiempo, y como ahora algún día también pasarán al baúl de los recuerdos.

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lunes, 25 de febrero de 2013

El modo de hablar español


En México hablamos español, también en Centroamérica y casi en toda Sudamérica, con excepción de Brasil. Aunque el origen de nuestro idioma es el mismo, cada país del continente americano se caracteriza por su modo de hablar. El acento de nuestra lengua varía de acuerdo a cada nación, y a veces nos preguntamos por qué, si la cuna es la misma: España.

Vayamos al viejo reino de Castilla, origen del idioma. Estamos en el siglo XIII, Alfonso X establece la escritura del castellano conforme a la norma toledana, la cual tuvo dos grandes influencias dialectales: el andaluz y el castellano viejo.

A pesar del esfuerzo por consolidar un español nivelado en la península Ibérica, aún existían muchos resabios del lenguaje en algunas ciudades en el siglo XV. Recordemos que la educación era limitada a ciertos sectores sociales.

Con la oleada de aventureros, militares y comerciantes que arribaron a América, y que procedían de diferentes regiones de España, llegaron también las costumbres y el acento particular de cada región. Se habla de que el 60 por ciento de los colonos que se trasladó a las Antillas era andaluz, y más de la mitad procedían de Sevilla. Migraciones subsiguientes procedieron de Castilla la Vieja, Toledo y Extremadura, que trajeron a América otros dialectos que coexistieron con el andaluz y el español nivelado.

Los primero conquistadores que salieron de Cuba hacia la Nueva España, el 30 % eran andaluces, el 20 % de Castilla y el 13 % extremeños. Las zonas de intercambio comercial, como el Caribe y Veracruz fueron áreas de influencia de Sevilla.

Donde se hablaba un español nivelado era en la zona de influencia cortesana: la ciudad de México y Lima, sedes de los virreinatos. En otras regiones de América se asentaron grupos de españoles, que por su ubicación geográfica mantenían características conservadoras o arcaizantes por no tener contacto con comerciantes ni cortesanos.

Hasta nuestros días, algunos pueblos conservan el vos, el sois y el estáis, entre otros, características fonéticas que en México ya están en desuso.

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